Construyendo micropolíticamente nuevos
territorios
Una experiencia de trabajo grupal en el
campo de las drogadependencias
Necco, M.Carolina
La
clínica que hemos elegido transitar es una clínica
de la cartografía. Sabemos poco y nada de antemano. Lo que producimos desde
nuestras intervenciones lo vamos trazando, escribiendo, diagramando en el
camino, en el hacer…
No
tratamos de comprender, de explicar, de interpretar. Tratamos de producir, de
transformar, en el devenir, en el ir
haciendo…
El
siguiente trabajo tiene como propósito transmitir una experiencia de abordaje
grupal que acontece desde el año 2010, en un Centro de Asistencia y Prevención
en Trastornos Psicofísicos y Sociales de la ciudad de Mar del Plata.
Procuraremos,
así mismo, promover un proceso de reflexión e intercambio respecto de nuestras
intervenciones como trabajadores de la salud, en el ámbito específico de la salud mental.
La
experiencia que compartiremos se lleva a cabo, desde las áreas de
Psicopedagogía y Terapia Ocupacional, en el dispositivo de Centro de día que
ofrece la institución, para la atención principalmente
de personas con problemáticas vinculadas al consumo de drogas. Resaltamos principalmente, porque adentrarnos en la
actualidad en la clínica con estos sujetos entraña, casi de modo irremediable, el
tejido y la trama con los llamados campos de la vulnerabilidad psicosocial, los
padecimientos psiquiátricos, la delincuencia, entre otros.
Nos
atraviesa un sistema social, económico y político productor de consumidores de todo tipo a nivel mundial.
Maquinaria capitalístistica[1]
atroz, que en sus diversas facetas y mediante sus diferentes aparatos y
operatorias, atrapa y captura en el consumo
de drogas específicamente, seres cada vez más pequeños, más indefensos, más
frágiles, más vulnerables… Enajenar nuestro hacer de éstas cuestiones, no sólo
parcializa y reduce ampliamente la comprensión de las realidades que
enfrentamos, sino que además neutraliza nuestras prácticas, sustrayéndoles su
potencial subversivo y transformador,
frente a tan acuciante sistema de dominación.
Frente a esta realidad: nuestro posicionamiento, ético y político.
Es la
vida la que determina la conciencia
El
trabajador de la salud se enfrenta a diario con la complejidad. Con la
complejidad del sujeto, con la complejidad de las relaciones vinculares, con la
complejidad de la clínica, con la complejidad de las instituciones.
Concientizarnos
de las complejidades que abordamos supone en el ámbito de la clínica, por un
lado, asumir una visión superadora de lógicas binarias que nos proponen pensar la realidad en términos polares, tan
ficticios como estancos; y por el otro, arribar a producciones de conocimientos
donde “la teoría no esté divorciada de la práctica, los afectos de los
pensamientos, ni el sujeto del ecosistema”[2].
Una filosofía de lo múltiple nos propone
considerar que el ser humano en su
condición de sujeto emerge, se forja y se da en varios campos, en varios cuerpos y con varios cuerpos.
Todo
proceso de subjetivación acontece en lo
colectivo, en todos los grupos por donde circula y que la circundan,
conocidos y desconocidos, sin quedar apresada ni reducida en los cuerpos de
socialización primarios ni secundarios. Se
trama en una economía, en una política, en una cultura, en una sociedad y
en un momento histórico particular.
El
sistema de producción en el que hemos sido tramados, ha tenido a diferencia de
otros anteriores, de penetrar de modo muy fino y sutil en lo más intimo de la vida.
El Capital es una máquina infernal de producir modos de
ser, modos de estar, modos de vivir. Producción que entraña en la actualidad
toda una serie de operatorias de modelización y modulación de los sujetos[3].
La producción de drogadictos y pibes chorros se incrementa a escala descomunal. El mismo
sistema que los produce, los interioriza y captura por doquier, atentando los
procesos de singularización y sumiéndolos en la reproducción de sus lógicas de
tener, tener y tener: guita y Poder.
Integran
las minorías urbanas. Pero a diferencia de otras, éstas contribuyen de modo
particular a la realización del Capital. Están ubicadas en una posición
diferente. Estos niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos son
perversamente integrados en un mercado que no los tiene sólo como consumidores,
sino que los encuentra, frecuentemente participando como agentes activos en
diferentes fases del circuito mercantil.
Se
sienten y se dicen consumidores y trabajadores libres, ficción capitalista que
nos enceguece a todos. Se adentran en una modalidad de ganancia a la que llaman
“guita fácil”: roban a mano armada, roban caretas,
roban solos, roban en banda, hurtan, se prostituyen; cada uno encuentra su modo de obtener dinero.
No
resulta ninguna novedad decir aquí, que todo
proceso de enfermedad emerge del campo social. Como producto de una sociedad.
Los modos de nomenclar y categorizar un padecimiento, un sufrimiento también
son producciones.
Pese
a nuestras diferencias ideológicas,
conceptuales y teóricas, quienes trabajamos en el campo de la salud compartimos
-o al menos, entendiendo que deberíamos compartir- un deseo: promover bienestar; aliviar sufrimientos, aplacarlos, minimizarlos lo más posible.
Contribuir
con nuestros saberes a la construcción de modos
de ser y estar que permitan una conexión más real con la alegría, la potencia, la vida…
Aquellos jóvenes y
adultos con quienes trabajamos, han encontrado en el consumo de sustancias su Poder. Afirman sentirse más Poderosos cuando se drogan y
experimentar una gran debilidad, pesadumbre, inactividad, estando caretas.
Qué pueden estos cuerpos en virtud de su potencia, nos preguntamos junto a
Spinoza- y junto a él nos respondemos: no
lo sabemos. Nadie sabe lo que puede
un cuerpo. Lo que advertimos es que claramente no hablamos del mismo poder.
El Poder, sin importar lo que lo
adjetive, es siempre un afecto triste,
tanto en quien padece ese ejercicio como en quien lo ejerce; en tanto entraña
una relación de fuerzas en la cual se impone el dominio de una/s sobre
otra/s.
Cierto
es que los sujetos con quienes trabajamos encuentran en su vida, en su historia,
en sus vínculos y en sus espacios cotidianos, un sinfín de afectos tristes que merman y aplacan su potencia de hacer, de crear, de construir. El consumo- desmedido,
irreflexivo- de sustancias se inscribe como un
afecto triste más, de gran intensidad
por cierto, entre tantos otros que los
afectan en su capacidad de sentir, de
pensar, de comunicarse, de asumir responsabilidades, de tener un proyecto de vida autónomo.
Los
vemos a diario atrapados en los puntos, segmentos y líneas
duras que los han subjetivado: el
tipo de consumo. La calle. La guita.
La banda. La noche. La villa. Las pastas. El caño. Las llantas. y, y, y. Contigüidad
de territorios que los definen, les otorgan
Identidad. Bloques duros. Segmentos rígidos que los atraviesan y componen.
Líneas molares que los traman y organizan sus vidas en una posición…
Mucho
se debate en literatura de la clínica en adicciones respecto de cómo debemos
pensar esta problemática. Es una estructura? Un síntoma? No nos interesan aquí esos cuestionamientos.
Procuramos
con nuestro trabajo ofertar dispositivos y herramientas a través de los cuales,
sea posible para éstos sujetos hallar y trazar nuevas líneas de subjetivación.
Líneas que habiliten procesos de singularización y les permita reencontrarse
con la propia potencia de obrar; recuperarla,
desplegarla. Potencia que es siempre potencia en acto, en
acción.
En
nuestra clínica, como en la vida, resistimos. Entendemos que para promover algo del orden de lo saludable, es
necesario transformar, habilitar la capacidad de afectar y ser afectados y producir
encuentros a través de la circulación
colectiva de nuevas ideas, pensamientos, sensaciones, vivencias.
Es una micropolítica. Se hace desde lo pequeño, molecularmente, en aquello
por ocasiones imperceptible: los obrares y
saberes menores. Se teje desde lo singular, pero siempre en conjunto, en
un hacer que de ningún modo monopoliza el saber y el
hacer en los trabajadores del área, sino
que se hace siempre
con otros.
El taller de artes expresivas, haciendo un poco de historia.
El
Taller de Artes Expresivas resultó
como parte de un proceso de trabajo grupal de tres meses de duración
aproximadamente, que se inició en mayo del año 2010. Lleva en la actualidad, el
nombre con el que sus primeros integrantes decidieron nominar a un dispositivo,
que emprendimos desde la coordinación, una Psicopedagoga y una Terapista
Ocupacional en el centro de día.
A
principios de ese año ambas fuimos convocadas por la institución, para compartir
la coordinación de un grupo de alrededor de 15 personas, de entre 20 y 30 años,
en su gran mayoría de sexo masculino.
Efectuado
un diagnóstico situacional de la realidad grupal e institucional, desarrollamos
inicialmente, una serie de actividades destinadas a trabajar sobre los ejes de
la comunicación y la resolución de conflictos, entendiendo en virtud de lo
observado y evaluado, que eran cuestiones que requerían ser abordadas con mayor
urgencia.
Nuestras
líneas de trabajo apuntaron desde el inicio a:
- Construir colectivamente un espacio
pluralista, socializante, abierto a lo diverso, a la comunicación y la
participación de todos, favoreciendo- a través del trabajo en común-
actitudes de cooperación y solidaridad, en un marco de libertad y respeto
mutuo.
- Promover
en la grupalidad la implicancia y la participación activa en el hacer, efectuando
corrimientos claros y conscientes de una posición de coordinación
paternalista y verticalista; concientizando de modo permanentemente en la
construcción colectiva del espacio de trabajo;
incentivando hacia a la autogestión, la asunción de compromisos y
responsabilidades que supone un hacer autónomo; propiciando la investidura
libidinal y la apropiación deseante
del mismo.
- Crear
un ambiente de trabajo ameno y flexible, libre de juicios de valor y
penalizaciones, que permita la
reflexión, la producción y el intercambio de ideas.
Con el transcurso de los meses de trabajo, el grupo fue tomando cada
vez más cuerpo. Aquellos primeros
participantes fueron apropiándose paulatinamente del espacio, asumiendo roles
cada vez más autónomos, comprometidos e implicados en el suceder grupal. Decidieron bajo votación llamarlo Taller de artes expresivas, poniendo de
manifiesto que el espacio les permitía a través de diferentes propuestas
(muchas de ellas vinculadas a lo artístico) aprender nuevos modos de expresar,
comunicar, de entrar en relación con
otros…
Al
día de hoy, en el taller se utilizan diversos recursos y actividades de
carácter lúdico y expresivo como estrategias destinadas a promover -entre otras
cosas- el pensamiento, la reflexión, la inventiva, la creatividad, la imaginación…
Las
propuestas de trabajo seleccionadas surgen de un proceso permanente de observación y registro de lo que
va aconteciendo en la grupalidad y en quienes la componen.
Las
actividades no se presentan como meros instrumentos o medios de expresión, canalización, catarsis o sublimación de contenidos; sino que se ofertan como verdaderos
espacios de experimentación, de
investigación, de registro, de descubrimiento…
Cuidamos
celosamente no caer en la estereotipia. Llevamos en cada encuentro propuestas
diversas que faciliten la apertura a diversas experiencias y eviten rigidizaciones.
No
trabajamos sobre signos ni síntomas. Operamos e intervenimos a otros niveles:
sobre aquello que corta, obtura y/o limita el
fluir de las propias producciones .
Quienes
coordinamos ponemos nuestros cuerpos
en el hacer. Nos adentramos corporalmente en lo que proponemos al grupo. Usamos
nuestros cuerpos como instrumentos de registro de los afectos circulantes.
Hemos
creado un espacio de libertad, en el
que cada uno puede expresarse desde el respeto y el compromiso por lo que nos
convoca.
En la realidad del Centro de Día, nos enfrentamos con un cuerpo grupal que se renueva
permanentemente. Algunos pacientes abandonan repentinamente el tratamiento,
otros nuevos llegan; la grupalidad los acoge, presentándoles a quienes ingresan
lo que hacemos, de qué manera trabajamos.
Durante
el proceso de trabajo hemos observado cambios de vital importancia para el proceso de tratamiento
que atraviesan. Muchos han logrado crecer significativamente en el registro de
sí mismos, de sus modos de relacionarse, de sus sentires, de sus afectaciones. Se han colocado en el
lugar de creadores, artesanos, artistas…
Reconocemos en la experiencia grupal, una potencia
transformadora y la elegimos por sus efectos
productores de afectos, de conexiones. Complejo
entramado en múltiples inscripciones en el cual se están produciendo
siempre, muchos más acontecimientos de los que podemos dar cuenta.
En el taller nos nutrimos de los aspectos molares, organizadores de lo grupal: un espacio tiempo particular,
una tarea convocante, objetivos de trabajo; y al mismo tiempo en cada encuentro
nos abrimos a la flexibilidad, a la metamorfosis, a las líneas moleculares, que van trazando acontecimientos que no están
previstos, no se puede anticipar; a ese devenir
que siendo la más de las veces
imperceptible, ya está aconteciendo en esa vida.
Inventamos
un espacio en el cual a través de un juego, un debate, una pintura, una
dramatización, un escrito, poder estar siendo otros. Un espacio tiempo
para conectarse con sí mismo y con los otros; para crear nuevas conexiones, rescatando
la singularidad de cada uno y propiciando - de modo permanentemente - la
circulación de ideas, pensamientos, de afectos y afectaciones necesarios para
el establecimiento de nuevas formas de relación y el afianzamiento de las ya
existentes.
Este trabajo fue escrito desde un
posicionamiento particular. En la clínica que hemos elegimos transitar, hacemos
una apuesta constante y permanente por rescatar
y reivindicar procesos de
singularización habilitando nuevos regímenes de afectación.
Se trata de una cartografía…
tan sólo de una cartografía, con las
líneas que hemos podido escribir, trazar, diagramar hasta el momento.
Se trata de un espacio de resistencia. Apostamos a lo
grupal por su potencial maquínico de transformación para inventar y trazar otras
líneas. Diagramarlas, inventarlas,
crearlas, experimentarlas; en lo micro, en lo cotidiano, con el compromiso
ético que nos convoca a pensar y a
construir otros territorios, otros planos, otras formas de estar siendo en nuestros grupos.