martes, 21 de febrero de 2012

Construyendo micropolíticamente nuevos territorios


Construyendo micropolíticamente nuevos territorios
Una experiencia de trabajo grupal en el campo de las drogadependencias

Necco, M.Carolina

La clínica que hemos elegido transitar es una clínica de la cartografía. Sabemos poco y nada de antemano. Lo que producimos desde nuestras intervenciones lo vamos trazando, escribiendo, diagramando en el camino, en el hacer…
No tratamos de comprender, de explicar, de interpretar. Tratamos de producir, de transformar, en el devenir, en el ir haciendo
El siguiente trabajo tiene como propósito transmitir una experiencia de abordaje grupal que acontece desde el año 2010, en un Centro de Asistencia y Prevención en Trastornos Psicofísicos y Sociales de la ciudad de Mar del Plata.
Procuraremos, así mismo, promover un proceso de reflexión e intercambio respecto de nuestras intervenciones como trabajadores de la salud, en el ámbito específico de la salud mental.
La experiencia que compartiremos se lleva a cabo, desde las áreas de Psicopedagogía y Terapia Ocupacional, en el dispositivo de Centro de día que ofrece la institución, para la atención principalmente de personas con problemáticas vinculadas al consumo de drogas. Resaltamos principalmente, porque adentrarnos en la actualidad en la clínica con estos sujetos entraña, casi de modo irremediable, el tejido y la trama con los llamados campos de la vulnerabilidad psicosocial, los padecimientos psiquiátricos, la delincuencia, entre otros.



Nos atraviesa un sistema social, económico y político productor de consumidores de todo tipo a nivel mundial. Maquinaria capitalístistica[1] atroz, que en sus diversas facetas y mediante sus diferentes aparatos y operatorias, atrapa y captura en el consumo de drogas específicamente, seres cada vez más pequeños, más indefensos, más frágiles, más vulnerables… Enajenar nuestro hacer de éstas cuestiones, no sólo parcializa y reduce ampliamente la comprensión de las realidades que enfrentamos, sino que además neutraliza nuestras prácticas, sustrayéndoles su potencial subversivo y  transformador, frente a tan acuciante sistema de dominación.
       Frente a esta realidad: nuestro posicionamiento, ético y político.

Es la vida la que determina la conciencia

El trabajador de la salud se enfrenta a diario con la complejidad. Con la complejidad del sujeto, con la complejidad de las relaciones vinculares, con la complejidad de la clínica, con la complejidad de las instituciones.
Concientizarnos de las complejidades que abordamos supone en el ámbito de la clínica, por un lado, asumir una visión superadora de lógicas binarias que nos proponen pensar la realidad en términos polares, tan ficticios como estancos; y por el otro, arribar a producciones de conocimientos donde “la teoría no esté divorciada de la práctica, los afectos de los pensamientos, ni el sujeto del ecosistema”[2].



Una  filosofía de lo múltiple nos propone considerar que  el ser humano en su condición de sujeto emerge, se forja y se da en varios campos, en varios cuerpos y con varios cuerpos.
Todo proceso de subjetivación acontece en lo colectivo, en todos los grupos por donde circula y que la circundan, conocidos y desconocidos, sin quedar apresada ni reducida en los cuerpos de socialización primarios ni secundarios. Se trama en una economía, en una política, en una cultura, en una sociedad y en un momento histórico particular.
El sistema de producción en el que hemos sido tramados, ha tenido a diferencia de otros anteriores, de penetrar de modo muy fino y sutil en lo más intimo de la vida.
El Capital es una máquina infernal de producir modos de ser, modos de estar, modos de vivir. Producción que entraña en la actualidad toda una serie de operatorias de modelización y modulación de los sujetos[3].
La producción de drogadictos y pibes chorros  se incrementa a escala descomunal. El mismo sistema que los produce, los interioriza y captura por doquier, atentando los procesos de singularización y sumiéndolos en la reproducción de sus lógicas de tener, tener y tener: guita y Poder.
Integran las minorías urbanas. Pero a diferencia de otras, éstas contribuyen de modo particular a la realización del Capital. Están ubicadas en una posición diferente. Estos niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos son perversamente integrados en un mercado que no los tiene sólo como consumidores, sino que los encuentra, frecuentemente participando como agentes activos en diferentes fases del circuito  mercantil.


Se sienten y se dicen consumidores y trabajadores libres, ficción capitalista que nos enceguece a todos. Se adentran en una modalidad de ganancia a la que llaman “guita fácil”: roban a mano armada, roban caretas, roban solos, roban en banda, hurtan, se prostituyen; cada uno encuentra su modo de obtener dinero.
No resulta ninguna novedad decir aquí, que todo proceso de enfermedad emerge del campo social. Como producto de una sociedad. Los modos de nomenclar y categorizar un padecimiento, un sufrimiento también son producciones.
Pese a nuestras diferencias  ideológicas, conceptuales y teóricas, quienes trabajamos en el campo de la salud compartimos -o al menos, entendiendo que deberíamos compartir- un deseo: promover  bienestar; aliviar sufrimientos, aplacarlos,  minimizarlos lo más posible.
Contribuir con nuestros saberes a la construcción de modos de ser y estar que permitan una conexión más real con  la alegría, la potencia, la vida
Aquellos jóvenes y adultos con quienes trabajamos, han encontrado en el consumo de sustancias su Poder. Afirman sentirse más Poderosos cuando se drogan y experimentar una gran debilidad, pesadumbre, inactividad, estando caretas.
 Qué pueden estos cuerpos en virtud de su potencia, nos preguntamos junto a Spinoza- y junto a él nos respondemos: no lo sabemos. Nadie sabe lo que puede un cuerpo. Lo que advertimos es que claramente no hablamos del mismo poder. El Poder, sin importar lo que lo adjetive, es siempre un afecto triste, tanto en quien padece ese ejercicio como en quien lo ejerce; en tanto entraña una relación de fuerzas en la cual se impone el dominio de una/s sobre otra/s.
Cierto es que los sujetos con quienes trabajamos encuentran en su vida, en su historia, en sus vínculos y en sus espacios cotidianos, un sinfín de afectos tristes que merman y aplacan su potencia de hacer, de crear, de construir. El consumo- desmedido, irreflexivo-  de sustancias se inscribe como un afecto triste más, de gran intensidad por cierto, entre tantos otros que los afectan en su capacidad de sentir, de pensar, de comunicarse, de asumir responsabilidades,  de tener un proyecto de vida autónomo.
Los vemos a diario atrapados en los  puntos, segmentos y  líneas duras que los han subjetivado: el tipo de consumo. La calle. La guita. La banda. La noche. La villa. Las pastas. El caño. Las llantas. y, y, y. Contigüidad de territorios que los definen, les otorgan Identidad. Bloques duros. Segmentos rígidos que los atraviesan y componen. Líneas molares que los traman  y  organizan sus vidas en una posición…
Mucho se debate en literatura de la clínica en adicciones respecto de cómo debemos pensar esta problemática. Es una estructura? Un síntoma?  No nos interesan aquí esos cuestionamientos.
Procuramos con nuestro trabajo ofertar dispositivos y herramientas a través de los cuales, sea posible para éstos sujetos hallar y trazar nuevas líneas de subjetivación. Líneas que habiliten procesos de singularización y les permita reencontrarse con la propia potencia de obrar; recuperarla, desplegarla.  Potencia que es siempre potencia en acto, en acción.
En nuestra clínica, como en la vida, resistimos. Entendemos que para promover algo del orden de lo saludable, es necesario transformar, habilitar la capacidad de afectar y ser afectados y producir encuentros a través de la circulación colectiva de nuevas ideas, pensamientos, sensaciones, vivencias.
Es una micropolítica. Se hace desde lo pequeño, molecularmente, en aquello por ocasiones imperceptible: los obrares y saberes menores. Se teje desde lo singular, pero siempre en conjunto, en un hacer que de ningún modo monopoliza el saber y el hacer en los  trabajadores del área, sino que se hace siempre con otros.



El taller de artes expresivas, haciendo un poco de historia.

El Taller de Artes Expresivas resultó como parte de un proceso de trabajo grupal de tres meses de duración aproximadamente, que se inició en mayo del año 2010. Lleva en la actualidad, el nombre con el que sus primeros integrantes decidieron nominar a un dispositivo, que emprendimos desde la coordinación, una Psicopedagoga y una Terapista Ocupacional en el centro de día.
A principios de ese año ambas fuimos convocadas por la institución, para compartir la coordinación de un grupo de alrededor de 15 personas, de entre 20 y 30 años, en su gran mayoría de sexo masculino.
Efectuado un diagnóstico situacional de la realidad grupal e institucional, desarrollamos inicialmente, una serie de actividades destinadas a trabajar sobre los ejes de la comunicación y la resolución de conflictos, entendiendo en virtud de lo observado y evaluado, que eran cuestiones que requerían ser abordadas con mayor urgencia.
Nuestras líneas de trabajo apuntaron desde el inicio a:
  • Construir colectivamente un espacio pluralista, socializante, abierto a lo diverso, a la comunicación y la participación de todos, favoreciendo- a través del trabajo en común- actitudes de cooperación y solidaridad, en un marco de libertad y respeto mutuo.
  • Promover en la grupalidad la implicancia y la participación activa en el hacer, efectuando corrimientos claros y conscientes de una posición de coordinación paternalista y verticalista; concientizando de modo permanentemente en la construcción colectiva del espacio de  trabajo;  incentivando hacia a la autogestión, la asunción de compromisos y responsabilidades que supone un hacer autónomo; propiciando la investidura libidinal y  la apropiación deseante del mismo.
  • Crear un ambiente de trabajo ameno y flexible, libre de juicios de valor y penalizaciones,  que permita la reflexión, la producción y el intercambio de ideas.

Con el transcurso de los meses de trabajo, el grupo fue tomando cada vez más cuerpo. Aquellos primeros participantes fueron apropiándose paulatinamente del espacio, asumiendo roles cada vez más autónomos, comprometidos e implicados en el suceder grupal.  Decidieron bajo votación llamarlo Taller de artes expresivas, poniendo de manifiesto que el espacio les permitía a través de diferentes propuestas (muchas de ellas vinculadas a lo artístico) aprender nuevos modos de expresar, comunicar, de entrar en relación con  otros…
Al día de hoy, en el taller se utilizan diversos recursos y actividades de carácter lúdico y expresivo como estrategias destinadas a promover -entre otras cosas- el pensamiento, la reflexión, la inventiva, la creatividad,  la imaginación…
Las propuestas de trabajo seleccionadas surgen de un proceso  permanente de observación y registro de lo que va aconteciendo en la grupalidad y en quienes la componen.
Las actividades no se presentan como meros instrumentos o  medios de expresión, canalización,  catarsis o sublimación de contenidos;  sino que se ofertan como verdaderos espacios  de experimentación, de investigación, de registro, de descubrimiento…
Cuidamos celosamente no caer en la estereotipia. Llevamos en cada encuentro propuestas diversas que faciliten la apertura a diversas experiencias y eviten  rigidizaciones.
No trabajamos sobre signos ni síntomas. Operamos e intervenimos a otros niveles: sobre aquello que corta, obtura y/o limita el fluir de las propias producciones .
Quienes coordinamos ponemos nuestros cuerpos en el hacer. Nos adentramos corporalmente en lo que proponemos al grupo. Usamos nuestros cuerpos como instrumentos de registro de los afectos circulantes.
Hemos creado un espacio de libertad, en el que cada uno puede expresarse desde el respeto y el compromiso por lo que nos convoca.
En la realidad del Centro de Día, nos enfrentamos con un cuerpo grupal que se renueva permanentemente. Algunos pacientes abandonan repentinamente el tratamiento, otros nuevos llegan; la grupalidad los acoge, presentándoles a quienes ingresan lo que hacemos, de qué manera trabajamos.
Durante el proceso de trabajo hemos observado  cambios  de vital importancia para el proceso de tratamiento que atraviesan. Muchos han logrado crecer significativamente en el registro de sí mismos, de sus modos de relacionarse, de sus sentires, de sus afectaciones. Se han colocado en el lugar de creadores, artesanos,  artistas…
Reconocemos en la experiencia grupal, una potencia transformadora y la elegimos por sus efectos productores de afectos, de conexiones. Complejo entramado en múltiples inscripciones en el cual se están produciendo siempre, muchos más acontecimientos de los que podemos dar cuenta.
En el taller nos nutrimos de los aspectos molares, organizadores de lo grupal: un espacio tiempo particular, una tarea convocante, objetivos de trabajo; y al mismo tiempo en cada encuentro nos abrimos a la flexibilidad, a la metamorfosis, a las líneas moleculares, que van trazando acontecimientos que no están previstos, no se puede anticipar; a ese devenir que siendo la más de las veces imperceptible, ya está aconteciendo en esa vida.
Inventamos un espacio en el cual a través de un juego, un debate, una pintura, una dramatización, un escrito, poder estar siendo otros. Un espacio tiempo para conectarse con sí mismo y con los otros; para crear nuevas conexiones, rescatando la singularidad de cada uno y propiciando - de modo permanentemente - la circulación de ideas, pensamientos, de afectos y afectaciones necesarios para el establecimiento de nuevas formas de relación y el afianzamiento de las ya existentes.

Este trabajo fue escrito desde un posicionamiento particular. En la clínica que hemos elegimos transitar, hacemos una apuesta constante y permanente por rescatar  y reivindicar procesos de singularización habilitando nuevos regímenes de afectación.

Se trata de una cartografía… tan sólo de una cartografía, con las líneas que hemos podido escribir, trazar, diagramar hasta el momento.

Se trata de un espacio de resistencia.  Apostamos a lo grupal por su potencial maquínico de transformación para inventar y trazar otras líneas. Diagramarlas, inventarlas,  crearlas,  experimentarlas; en lo micro, en lo cotidiano, con el compromiso ético que nos convoca a pensar y a construir otros territorios, otros planos, otras formas de estar siendo en nuestros grupos.







[1] Ver Felix Guattari
[2] NAJMANOVICH, Denise, LENNIE, Vera ““Pasos hacia un pensamiento complejo en salud” [pdf]

[3] Hago referencia a las operaciones de modelación y modulación de los individuos, propias de las llamadas sociedad disciplinariasociedad de control,  respectivamente. (Ver M. Foucault, G. Deleuze,)

T.O. Notas para pensar y cartografiar nuestro hacer



Notas para pensar y cartografiar nuestro hacer


Necco, M. Carolina

Formar conceptos es una manera de vivir
y no de matar la vida; un modo de vivir en una relativa movilidad
y no un intento de inmovilizar la vida…
Michael Foucault

 Escribimos estas líneas porque amamos escribir. Escribimos. Insisto. Porque aunque sea de modo individual, uno escribe siempre con todos sus cuerpos, los reconocibles y los no reconocibles.
Escribimos porque creemos que en el acto de la escritura se despliega el pensamiento, se crean nuevos interrogantes, se habilitan otras reflexiones.
Escribimos porque que tenemos algo para decir, para comunicar, compartir, denunciar,   gritar,  pensar,  preguntarnos, contestarnos….
Escribimos para producir encuentros.
 La Terapia Ocupacional se presenta -en ocasiones - como territorio existencial desdibujado, impreciso, lo cual eso nos inquieta, intranquiliza y hace que entremos en estado de caos. Por eso también escribimos, porque creemos que a partir de la escritura es posible un trazar nuevos ordenamientos; aunque más no sea transitorios, provisorios, siempre móviles.
Buscamos ansiosamente ser reconocidos. Alcanzar “un cuerpo de conocimiento sólidos y específicos, un campo de actuación profesional con fronteras claras, […] una doctrina y un método de aplicación, disponer de organizaciones profesionales, un lenguaje común, una bibliografía en textos y publicaciones periódicas, una docencia superior para su capacitación competente y, especialmente un método para el propio conocimiento científico de la terapia ocupacional. (Polonio López B , 2001)
 Buscamos en fin, hacernos Mayores. El Poder nos atraviesa. Buscamos territorializar.

Qué es la terapia ocupacional? Ciencia? Disciplina? Cuál su objeto de estudio? Me he cansado ya de esas preguntas. No pretendo con estos planteos arengar en contra de la producción de conocimientos, entiéndase bien. Insisto, muy por el contrario, en que necesitamos reflexionar y pensar acerca de nuestro quehacer, trasmitir y compartir nuestras experiencias, crear conceptos y conceptualizaciones. Estoy diciendo sencillamente, que es necesario concientizarnos acerca de en dónde elegimos inscribir esas producciones.
Hacemos nuestro trabajo con nuestros cuerpos, con y sobre otros cuerpos.
Desde su nacimiento a la actualidad, las disciplinas no han cesado de tratar a los cuerpos como objeto y blanco de poder. En aras de mantener el orden social que garantiza la acumulación de capital, cumplieron fielmente la función de Policía para que la que fueron creadas.
El cuerpo humano se fragmenta y se desarticula cada vez más. Las disciplinas se disputan los pedazos que manipularán, transformarán, fortalecerán y perfeccionarán a fin de tornarlos útiles y funcionales. Pedazos que en tanto cada más que  pequeños caen en manos de los especialistas.
Las disciplinas, como áreas cognitivas, no existen en abstracto sino a través de la acción humana y como producción de la comunidad científica, en el seno de una cultura y espacio tiempo determinado. Tal comunidad cobra caro el precio de pertenecer-le. La ciencia[1] pone las reglas y acepta en su terreno de juego a quienes estén dispuestos a organizarse en torno a un discurso, recortarse a un área de pertenencia. El conocimiento se territorializa. Se cerca. Se marca. Se estría. Miembros inferiores para los kinesiólogos. Manos para los terapistas ocupacionales. Sufrimiento psíquico para los psicólogos y la palabra patrimonio de los psicoanalistas.
El Capital invade  todo, penetra todo y pretende hacer de todo campo propiedad privada.
El monopolio y fragmentación de las problemáticas del campo social en el nombre de las disciplinas no es inocente. La segmentación y división del conocimiento en esquemas de pensamiento y acción cada vez más pequeños, instala modos simplistas de comprensión de las realidades que enfrentamos y de la complejidad de sus problemáticas.
El capitalismo no ha cesado de instalar divorcios.
Los profesionales estamos bien disciplinados. Repetimos asiduamente palabras de otros, nos encantan las citas de autoridad, apelamos a los marcos referenciales científicamente más sólidos para afinar y afirmar nuestro hacer.
No nos atrevemos a cartografiar. No sabemos y nos convertimos en meros tecnócratas, aplicando técnicas, protocolos y  métodos de tratamiento que enajenan nuestras prácticas de todo proceso de reflexión, discusión y crítica.

La terapia ocupacional desde sus inicios, se atrevió a quebrajar cercamientos muy rígidos; se adentró en territorios de otros entrando en conexión con múltiples campos del conocimiento,
hasta lograr -en la actualidad- arribar e incluirse en modalidades de acción e intervención impensables hasta hace algunos años.

Me cautiva y me apasiona esa terapia ocupacional nómaderizomórfica.  Ligada más bien a lo que se va construyendo desde procesos de búsqueda y exploración que a esquemas arborescentes de pensamiento.
 Terapia ocupacional que se atrevió a pensar al sujeto y las realidades que lo traman  y atraviesan, desde cosmovisiones filosóficas holísticas, a fin de generar intervenciones que nos permitan abordar las problemáticas sociales que nos interpelan y demandan como trabajadores  de la salud.
Pretender hacer de la Terapia Ocupacional, La Ciencia o Disciplina de la Ocupación, no sólo refleja esa ambición desmedida por hacernos Mayores; pesquisando lo que nos separa, distingue y fronteriza de otros campos de acción, cercando nuestros territorios y aplacando la paranoia de invasión de otras profesiones; sino que fundamentalmente, efectúa un corrimiento  atroz, de lo que realmente que convoca  nuestras intervenciones.
En dónde estamos poniendo nuestra mirada y nuestra pasión? Si realmente nos convoca una visión holística, humanista y ocupacional del ser humano, por qué seguimos enalteciendo en nuestros discursos a La Ocupación por sobre el sujeto que hace y el modo en el que se traman e inscriben sus producciones.
 Estamos de acuerdo en que a través de ocupaciones, de actividades, de experiencias el ser humano trama su subjetividad; y que haciendo transforma y se transforma.  No consideramos  por ello que debamos hacer de La Ocupación nuestro Falo, el elemento centralizador del proceso terapéutico o de intervención, achatando todo lo que allí acontece al reducirlo en triadas[2] y esquemas asfixiantes.
                 
Necesitamos inventar creativamente nuestras líneas de pensamiento y acción; gestar movimientos de producción colectiva alejados los juegos del poder-saber. Necesitamos trazar esos mapas…
Trazar una cartografía es adentrarse en lo incierto.
Trazar una cartografía es apelar al conocimiento, al pensamiento, a los saberes colectivos para arribar a nuevos territorios.

Se trata de hacer mapas, construirlos, diagramarlos. Observando el territorio desde adentro, penetrando en sus superficies, recorriéndolas, explorándolas desde diversas perspectivas, ángulos, dimensiones.
  Necesitamos trazar nuevas cartografías clínicas. Registrando recorridos de otros pero ensayando y experimentando en lo local, en lo micro, para hacer los nuestros, los propios. Efectuar giros de 180° en nuestros planos de acción. Cambiar nuestras posiciones. Recorrer diversas líneas y  hacer un stop en esos espacios territoriales en los que cobramos existencia. Un stop que nos permita detenernos a observar qué cosas están ocurriendo; mover los ojos en todas las direcciones y ángulos posibles: barridos horizontales, verticales y oblicuos. Apelar a toda nuestra corporalidad. Poner en conexión todos nuestros cuerpos para proyectar desde allí, nuevas luces.
Para aquellos - nunca faltan- a quienes les inquiete saber desde dónde hablo para decir lo que digo, les diré sencillamente que lo hago desde algunos de los que me habitan. Apelo a la ironía, porque nos acerca al humor y a la alegría. Necesitamos de la alegría para vivir, para transformar, para resistir.
Cualesquiera que fuesen nuestros ámbitos o campos de intervención profesional nuestras prácticas apuntan siempre - o entiendo que deberían hacerlo- hacia la salubilidad de aquellos con quienes trabajamos y del ecosistema en el que viven y se desarrollan.
Si descuidamos que éstas subjetividades resultan de un proceso de producción, de fabricación, modelación y moldeado, forcluimos una línea primordial  de análisis y comprensión de las realidades sobre las cuales operamos.
Con quienes trabajamos padecen lo que padecen, sufren lo que sufren siempre como resultado de lo que acontece en el tejido social. Allí se trama. Tanto se trate una Fractura de Pouttes Colles como de un Panic Atack. No estoy diciendo nada nuevo. Sin embargo, lo olvidamos. Caemos una y otra vez en procesos de naturalización de las realidades sobre las que intervenimos. Elegimos no involucrarnos y adoptar una posición neutral frente a nuestro hacer. Los protocolos de tratamiento, el triangulo edípico y  los esquemas nosológicos  nos ofrecen exquisitos bunkers para aquietar nuestros miedos e incertidumbres en segurizantes dogmatismos teóricos.

Necesitamos arribar a nuevas perspectivas epistemológicas, alejadas de lógicas cientificistas y metodológicas clásicas. Construir lineamientos y cartografías conceptuales en articulación con nuestras  experiencias, con lo que hacemos. Abrirnos al descubrimiento de nuevas dimensiones, a la búsqueda de nuevos sentidos y  nuevas configuraciones; generar espacios y modos diferentes de producción.

Hemos elegido hacerlo por el borde, por los intersticios… creando y construyendo prácticas alternativas a las impuestas por regímenes y lógicas dominantes que atentan contra la potencia de la vida y sus pasiones alegres.

Hemos elegido hacerlo, tramando un ejercicio profesional que procura subvertir el poder que el capitalismo con sus aparatos, dispositivos y tecnologías ejerce sobre lo viviente; apelando a las fuerzas de resistencia,  transformación y mutación que existen como potencia en toda vida.
Ejercicio que se teje siempre colectivamente, en esos espacios en los que nos encontramos como comunidad. Es un desafío atrevernos a borrar fronteras, romper muros y poner en común todo lo que nos une: desde lo más próximo a lo más lejano
En definitiva, y sin más, entendemos que hacer terapia ocupacional, es trabajar con la vida: con la potencia que en ella se esconde y  que desde ella emana y  estalla.
Insistimos en acercar la terapia ocupación a lo que hacemos, para alejarla de abstracciones que enajenan nuestras prácticas de procesos de concientización y acercarla a un saberhacer más ligado a lo artesanal y no por ello menos con menos denso teórico y conceptualmente.



Procuramos un hacer nómade que entiende que la tierra es de quien la trabaja, con sus saberes y herramientas singulares.

Hacer nómade que subvierte, denuncia y resiste  a toda forma de  dominación, y se pone a trabajar para construir colectivamente espacios de emancipación, liberación y cambio.









Agradezco a quienes me ayudaron  a pensar para escribir estas líneas.
 Fueron, entre muchos otros:
.
ALBORNOZ, LUCRECIA;  FRAGA, CLARA; KLAVER, ALICIA; NAVARRETE ISABEL; PAGANELLI, YANINA. Compañeras del grupo de Seminario de Pensamiento Cualitativo de la ciudad de Mar del Plata. Coordinación Lic. Isabel Navarrete.
BRESCIA, CATALINA; ESCALADA, PAOLA; GUERRERO, VALERIA;  Compañeras del grupo de lectura y pensamiento de la ciudad de Mar del Plata. Autogestionado.
DE BRACI, J, “La problemática de la subjetividad. Un ensayo, una conversación”, EPBCN Ediciones, 2007
DE BRACI, J, “La explosión del sujeto. Acontecer de las masas y desfondamiento subjetivo en Freud”, EPBCN Ediciones, 2008
DELEUZE, G., GUATARRI, F. “Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia”.Ed Pretextos.
DELEUZE,G. , GUATTARI, F “ El Anti Edipo. Capitalismo y esquizofrenia”. Ed. Paidos.
DELEUZE, G. “En medio de Spinoza”. 2° Edición Cactus, 2008
DONZELOT, J. “La policía de las familias. Familia, sociedad y poder”. 1°ed. Buenos Aires. Ed. Nueva visión. 2008
FOUCAULT, M. “Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión”. 2º edición. Ed. Siglo XXl. Buenos Aires. 2008.
FOUCAULT, M. “Microfísica del poder”. 3º edición. Ed. La Piqueta. Madrid. 1992.
KRONENBERG, SIMÓ ALGADO, POLLARD. “Terapia Ocupacional sin fronteras. Aprendiendo del espíritu de supervivientes”. Editorial Medica panamericana, 2007.
NAJMANOVICH, D, “Mirar con nuevos ojos. Nuevos paradigmas en la ciencia y pensamiento complejo”, Colección Fronteras, Bs. As, 2008
PAVLOVSKY, E “Lo grupal hoy: nuevas ideas, micropolitica”. Revista campo grupal N°6.Julio- agosto- Año 2-, 1999
PAVLOVSKY, E. y DE BRASI, J.C. “Lo Grupal. Devenires.Historias.” Ed. Galerna y Búsqueda de Ayllu. Buenos Aires. 2006







[1] La Ciencia, como aparato ideológico- entre otros-  garante de la realización del Capital.
[2] Actividad- Terapista Ocupacional- Paciente.

domingo, 19 de febrero de 2012

Pibes “en conflicto con la Ley”: producción social de subjetividad


Pibes “en conflicto con la Ley”: producción social de subjetividad
 
 
Con tan solo 15 años y 5 de alto ladrón con una caja de vino
de su casilla salió.
Fumando y tomando vino intenta darse valor para ganarse
unos mangos con su cartel de ladrón.
Pero una noche muy fría él tuvo un triste final,
porque acabo con su vida una bala policial.
Y hoy en aquella esquina donde su cuerpo
cayó hay una cruz de madera que recuerda al pibito ladrón.
 
El pibito ladrón- Pibes Chorros


Necco, M. Carolina

Mauricio tiene dieciseis años. Su estatura no supera el metro sesenta. Tez morena. Ojos de color marrón oscuro.  Mirada fina. Su apertura se hace más delgada aun cuando sonríe resistencialmente en un intento de  aminorar la angustia inmensa que le invade (y me invade)  el cuerpo  todo,  al relatarme cómo su madre biológica, lo encadenaba de pequeño durante días a la cama por su mala conducta.
De esta locura claramente hay que poder salir.  Y Mauricio salió. Con apenas 6 años, se abrió a la única  línea de fuga posible e hizo de las calles de Mendoza  su nuevo hogar.
Mar del Plata lo encontraría tiempo después. Mar del Plata, sus calles y sus cartones, que haciendo un como si de frazadas, cobijaban a esa criaturita que no era recibido en ningún hotel ni “podía pagar un alquiler[1].
Algunos hogares e institutos para menores le esperarían con los años, pero su estadía allí no superaba la semana. No sabía de límites y tarde o temprano, siempre terminaba volviendo a las calles.
A los 13 años,  conocería a la que hoy es su mujer y madre de su primera hija. Limpiaban vidrios y afanaban juntos.
                Allí, en la calle, conocería también a quien hoy llama mamá. Una mujer que lo acogió en su casa y llorando le pedía todos los días que dejara de jalar esa porquería que no le dejaba pensar.
Mauricio vivía drogado: poxirán, pastillas, merca, pasta base y faso… de esto se nutría. Para afanar no se puede estar careta.
 Hoy[2] está en la institución[3] por causa penal. Sus carátulas lo acusan de dos intentos de homicidios calificados que él describe contando de la siguiente manera: a uno le pegué un tiro porque no lo podía controlar al loco. No se dejaba atar!!” -“El otro fue cuando me estaba fugando. Era de tarde. El tipo tenía un arma. Era su vida o la mía. Le di en la pierna. Se cayó. Pensé que lo había matado […] Sueño con su cara todas las noches”.
Se sorprende cada jueves que lo veo en el espacio de terapia individual de su nueva vida sin drogas,  de lo que es estar sano y poder pensar, de lo que es sentir que hay gente que quiere ayudar a este maldito, según se define a sí mismo.
Me pide a gritos que lo ayude a poder controlar sus impulsos porque cuando  lo pinchan o lo fisuran, no puede parar…  no piensa y es capaz de matar, sin dudarlo un segundo.
Llevamos dos meses laburando y hasta el momento no he escuchado de su boca nada que semeje un momento de alegría en su corta vida (salvo cuando tuvo a su hija en brazos por primera vez…)
Tuvo más armas en sus pequeñas manos que juguetes.
Corrió más para escapar de la cana que para zafar de la mancha.
Poco o nada sabe de lo que es tener un amigo.
Roba a mano armada desde que tiene uso de razón y se le para de mano a cualquier gil.
Sabe que sus problemas no son las drogas… lo que no puede es ponerse un puto un límite. Poco sabe  acerca de que sin experiencia de holding, poca noción de límite es posible.
Intentó más de una vez trabajar: en el pescado, en la construcción…pero por 5 mangos  la hora no es negocio, loco. Se hacía mierda el lomo levantando cajones de pescado congelado mientras su patrón se paseaba en su  4 x 4;  y ni ahí que le alcanzaba para  comer, drogarse y  comprarse las llantas de 400 mangos que sí pueden tener otros pibes de su edad.
Tener que hacer tareas de limpieza en La casa lo saca porque le recuerda su época de peón.
Un domingo no aguantó más. Faltaron cosas en La comunidad y fue el principal acusado. No lo toleró. Los puñetazos a las puertas no le bastaron. Saltó el paredón. Se fugó.  Hizo dos cuadras. Se arrepintió y volvió….
El jueves siguiente me cuenta que se siente más o menos.  Que siente algo raro en el pecho. Algo que le produce tristeza. No puede decir mucho más porque él sólo sabe lo que es estar anestesiado y agrega con la intención de clarificarme su idea que drogado no se siente nada. Volvemos a la escena del domingo. El momento previo en que se fuga de la comunidad. La bronca aparece en su relato como emoción dominante. Al  momento en que uno de sus compañeros denuncia que lo vio entrar a la habitación y lo presenta ante todos como el principal sospechoso de los robos, la bronca lo invade y sólo deja lugar a un pasaje al acto: estallar de ira y romper todo.
Cuando le pregunto si le puede poner una imagen a su bronca, me dice que la imagen que se le viene, es la de él mismo. La bronca, como emoción,  me impacta generosa para una vida tan atravesada por la crueldad. Su vocabulario escueto y reducido al lenguaje callejero de pibe chorro, parece obturar que pueda encontrar un modo diferente de expresar aquello que otros llamarían  odio desmedido, violencia irrefrenable…
Consumo desmedido de lo que sea. Pibes en “conflicto con la Ley”.  Quién  produce todo esto?
Producción social de subjetividad
Como sujeto social, el ser humano, nace y se configura en un contexto familiar histórico económico y político particular; se constituye en un enlace, en una trama, a la que está indefectiblemente sujeto.
Somos sujetos sujetados. Nos producimos colectivamente, en los grupos por los cuales circulamos, con y por las relaciones en las que nos entramamos; relaciones sociales económicas, políticas…
El proceso de subjetivación humano queda inevitablemente ligado a otros cuerpos y  no cesa de producirse  mientras el sujeto exista. De modo que, a lo largo de toda la historia vital,  la propia subjetividad continua construyendo y configurándose en entramados de conexión y relación con los diversos cuerpos que circundan y atraviesan al  ser humano y lo convierte en un sujeto sociohistórico, siempre colectivo.
 La propia subjetividad se juega, se inventa, se recrea, se pliega y se despliega de modo permanente, en entramados vinculares y de relación con otros, con los cuales el sujeto entra en inter-acción, compone y se compone.
 En un sistema que produce consumidores y consume consumidores, la problemática de la adicción y la delincuencia, atrapa y captura en la actualidad, sujetos cada vez más pequeños, más indefensos, más vulnerables… y no cesa de producir “drogones” y “pibes chorros”. Producciones lingüísticas que calan y penetran profundamente los cuerpos. Producciones lingüísticas, que los penetran y les otorga esa identidad que no les fue dada por otro cuerpo social.
Se uniforman en vestimenta, lenguaje callejero, modos  de caminar y de pararse… y son capaces de todo por conseguir guita. Salen de caño. Tiran a matar y matan “sin escrúpulos”.
El mismo sistema que los produce los captura por doquier. El mismo sistema que los excluye, los utiliza para reproducir sus lógicas fascistoides  y ser fieles al mandato de Tener, tener y tener: guita y Poder “que no es lo mismo, pero es igual”.
Robar a mano armada Y robar careta[4] Y robar a puro pecho[5], en cada uno de estos modos se ponen a prueba. Merca Y faso Y ketamina Y pastas (bensodiasepinas) y PBC (pasta base de cocaína-paco) Y, Y, Y, Y  …  Microsegundos  de placer… “inigualables”. A diario, se entraman en mundos de pura experimentación que los deja vacios de experiencias.
 Muchas experiencias, para obtener Un mismo estado.
Ponen a prueba cada día su capacidad de soportar, de tolerar… juegan con ir más allá de la propia Potencia, mientras ésta no cesa de disminuir bajo los efectos de Poderes que no pueden más que conducir al sentir de pasiones tristes… como lo hace todo aquello que ejerce un Poder sobre nosotros.
Pasiones tristes que taponan rápidamente con rophinol, cocaína, alcohol…
¿Por qué uno ofrece su propio cuerpo en sacrificio? Me pregunto junto a Deleuze. Qué eso tan fuerte que no se puede aguantar sin la adrenalina del choreo, la euforia de la merca, o “el viaje” del fasito?
Qué se desea realmente alguien que arriesga la propia vida, el propio cuerpo, en cada una de estas Y, Y, Y
Todo el deseo está en la sustancia o en la guita? Qué es lo que lleva a un pibe a sentir la necesidad de afanar sin escrúpulos, y “disfrutar” (durante ese instante)  la adrenalina de meterle un chumbo en la cabeza a cualquiera? De dónde proviene esa necesidad? Quien produce tal violencia?  La villa y la calle y la familia y  la educación que no tienen y el laburo que no agarran, y la economía, y la política, y, y, y…
                Que el fenómeno de la delincuencia juvenil y el consumo de sustancias no queda relegado al estrato de los pobres, lo tenemos todos claro (incluso aquellos que no quieren saberlo). Este trabajo se ocupo de ellos simplemente por singular afectación: los veo a diario, atrapados en esos puntos, en esas líneas duras que los han subjetivado.  El nombre propio queda anulado por el tipo y tiempo de consumo que tienen.  La calle. La guita. La villa. Las pastas. El caño. Los pibes: Contigüidad de territorios que los definen, parecen  decirles “quienes son” (Ser de la identidad). Bloques duros. Segmentos rígidos, muy duros, que atraviesan y compone sus vidas. Líneas que estructuran una vida, la organizan en una posición, Ser Pibe Chorro. 
Pero todas las líneas duras, que componen la vida de un sujeto son interferidas siempre por otras líneas, lineas flexibles, menos localizables; “cuya materia está completamente molecularizada, es decir que le conciernen flujos y partículas que se escapan y rompen esos segmentos rígidos a velocidades que escapan a nuestra percepción” (Deleuze y Guattari.  Mil Mesetas.) A  partir de estas líneas, nos abrimos a la metamorfosis,  se traza un devenir que no está previsto, que es la más de las veces imperceptible, pero que ya estaba aconteciendo en esa vida.
Existen nuevas líneas por trazar, diagramar, inventar,  crear,  experimentar; en lo micro, en lo cotidiano, en el diario vivir,  tan a diario como se juega y se produce la misma subjetivación.
Micro revolución política, social y cultural.
Pensar estas nuevas subjetividades jóvenes no es posible sino nos entramamos finamente en articulaciones donde las formaciones económicas, políticas, ambientales y relacionales  que atraviesan,  trazan, diagraman estos modos de vida, sean consideradas.
Compromiso ético que nos convoca, a su vez, a pensar y a construir otros territorios, otros planos, otras formas de estar siendo en nuestros grupos.



















[1] Palabras textuales de Mauricio  explicándome que  a los 6 años nadie le alquila un lugar a un nene ni lo aloja en un hotel o residencia.
[2] Septiembre de 2010
[3] Me refiero a la comunidad terapéutica para el tratamiento en  drogadependencias  en la cual trabajo.
[4] Sin estar bajo los efectos de la droga


[5] Sin estar armado. Sólo infundiéndole miedo a la persona. 

Acerca del deseo y su movilidad
Necco, M. Carolina

Existe algo más móvil que el deseo?
Cambia la piel en una pareja. Cambia la sintonía con un amigo. Cambia un sentir. Se modifica una idea, un pensamiento. Algo pasa entre dos, tres, cuatro o más cuerpos. Algo pasa o ya no pasa.
Se cortó un flujo. Se entró en otra frecuencia. El deseo se movió… no de objeto. El deseo que pensamos no tiene que ver con sujetos ni con objetos. El deseo que pensamos no se mueve buscando objetos, cosas, sujetos sobre los cuales posarse, recaer, quedarse. Circula entre un conjunto de espacios heterogéneos.
El deseo que pensamos se mueve, fluye, se desplaza porque el movimiento es su esencia.
El deseo posee una potencia inmanente de circulación, fluye, se mueve con una  direccionalidad. Se mueve, circula sin un mapa fijo, no tiene marcados sus senderos. Se trata de una cartografía: deja líneas de sus trazados allí por donde pasó y conectará luego esas líneas con otras, múltiples; paquetes de líneas  que la cruzaran, la atravesaran; líneas de ruptura, líneas de corte, líneas de fuga, líneas que se inventan, líneas que se descubren y líneas que se escriben conscientemente.
Los viejos con los que trabajo me dicen y me enseñan que el deseo es un motor muy potente… comparto.
A veces se presenta como ante mí, como una energía intensamente poderosa, energía que atrae algunas cosas y rechaza otras. Parece manejarse por ciertos efectos de vibración y/o resonancia con ellas… Se  siente a gusto en ciertos lugares, lo cautiva alguna persona; me tironea hacia una vida, hace que quiera quedarme eternamente abrazada a una piel o me hace repugnarla sin que pueda comprender qué pasó…
El deseo se mueve, cambia de plano, de dimensión… cambio fugaz ¿? (no lo sé, el tiempo es una ilusión)… Cambio imperceptible. Realidad invisible de movimiento, al menos del modo en que estoy pudiendo mirar hoy.
 El deseo que decimos no se deja capturar ni apresar por ningún objeto: padre, madre, pareja, estudio, trabajo, lugar... Se mueve, fluye. Como un electrón dentro de un átomo, de repente, cambia de posición, cambia de dimensión, de plano, aleatoriamente, está aquí y después allá… salta. Me acerca y me aleja. Nos acerca y nos aleja. Es una cuestión cualitativa. Una suerte de atracción que nos lleva a estar en ciertos universos, a tramar composibles: a  componer con las cosas una forma musical, en la cual hay notas que entran dentro de la armonía para hacer una bella melodía y otras que no. C´est la vie…
A veces mi deseo se deja entrever, fugaz, instantáneamente ¿? (No lo sé, el tiempo es una invención) lo cierto es que me aparece, siento que puedo dar cuenta de él, me habla, me grita, se hace oír. Lo percibo. Lo registro.
“Ahí está…” “Si, si, es por ahí…”  “Ayyyyyyyy”
-          Se eriza mi piel, se acídese mi estomago, se tensan cada  uno de mis músculos…”
“No, no acá ya no….” Andate, andate!!!!
“Vamos, vamos un poco más”
Busco crecer en esos registros. Hacerlos cada vez más perceptibles, ponerlo en un stop en mi cuerpo cuando es necesario, abrazarlos, apretarlos…
No se trata ya de tomar aquello que me impulsa sin que medie pensamiento alguno. La línea del deseo -de mis deseos al menos- puede ser tan maravillosa como letal… A veces su potencia me lastima… Su intensidad hace que me ubique en lugares, entre cosas, destructivas para mí y para otros.
 Es un aprendizaje crecer en el registro de lo que deseo… es un aprendizaje elegir qué hago con esa potencia.
Si el deseo que pensamos es un puro proceso de producción. Me pregunto: se detiene el proceso? Se bloquea? Se corta? Se anestesia? Cuándo? Ante qué?
El deseo que pensamos no existe por fuera del campo social, sino que es inmanente al mismo, participa inseparablemente de ese plano y superficie en el todo se produce y se fabrica.
En este sentido, su potencial de producción queda sujetado, apresado, capturado en las lógicas de producción de ese campo.
La maquinaria capitalistica[2] es una máquina infernal de producir deseos. Inventa, fabrica, instala y produce subjetividades deseantes. Sujetos que desean desde la falta.

El deseo capitalista es el deseo de la falta. El deseo de la ausencia. El deseo de la necesidad. Esta maquinaria necesita producir ese deseo y esas subjetividades deseantes.
El deseo que pensamos y deseamos no tiene que ver con la falta. Al deseo no le falta nada, porque se halla completamente colmado. Es una cuestión de potencia. Es una cuestión de gradientes.
El deseo que decimos se desliza en un campo; viaja, cambia de posición, circula, busca y  se mueve pero no porque le falte algo sino porque posee una energía esencial de movimiento, cinemática y dinámica. Se acelera, se desacelera, se mueve, reposa por acción de la primera; afecta a otros cuerpos y es afectado por ellos por efecto de la segunda.
El deseo que decimos no es sinónimo de necesidad. En la necesidad está el registro de la carencia, de lo que falta… el deseo tiene que ver con otra cosa, porque decimos nuevamente: al deseo no le falta nada, se halla completamente colmado en su potencia.
Registrar  deseos
Conectar deseos
Potenciar  deseos
Construirlos…
Alejarlos de sacerdotes y psicoanalistas, sobre todo cuando éstos me habitan; distanciarlos, llevarlos lejos de cosmovisiones falocéntricas y homocéntricas, cosmovisiones que  reducen sus movimientos a la repetición neurótica y lo agobian y destrozan en la triangularidad edipica: papá- mamá y yo.
Es un desafío… un modo de vida…
Deseo nómade, que se aventura a lo incierto, lo fortuito, lo deleznable y fue apresado por agenciamientos tremebundos “Deja a tu padre, a tu madre y sígueme”. Me condujo a investir Dioses y Santos, libros y paisajes, hombres y mujeres, pobres y hermanos, músicas y silencios.  Hoy transcurre por otros senderos…
La potencia incalculable del deseo, la potencia desconocida del cuerpo, es fuerza vital en los intentos cada vez más conscientes y elegidos de dessujetarme de algunas ataduras. Resistir a las capturas y migrar.

A veces es un atreverse, se traza de pasar un limite, dar un salto, dejarme llevar e impulsar hacia un allá en el deseo en ocasiones preciso, delineado, claro…en ocasiones difuso, borroso, incierto… En definitiva, se trata siempre de moverse, de fluir, de devenir.





[2] Ver Felix Guattari. “Micropolitica. Cartografías del deseo”