martes, 21 de febrero de 2012

Construyendo micropolíticamente nuevos territorios


Construyendo micropolíticamente nuevos territorios
Una experiencia de trabajo grupal en el campo de las drogadependencias

Necco, M.Carolina

La clínica que hemos elegido transitar es una clínica de la cartografía. Sabemos poco y nada de antemano. Lo que producimos desde nuestras intervenciones lo vamos trazando, escribiendo, diagramando en el camino, en el hacer…
No tratamos de comprender, de explicar, de interpretar. Tratamos de producir, de transformar, en el devenir, en el ir haciendo
El siguiente trabajo tiene como propósito transmitir una experiencia de abordaje grupal que acontece desde el año 2010, en un Centro de Asistencia y Prevención en Trastornos Psicofísicos y Sociales de la ciudad de Mar del Plata.
Procuraremos, así mismo, promover un proceso de reflexión e intercambio respecto de nuestras intervenciones como trabajadores de la salud, en el ámbito específico de la salud mental.
La experiencia que compartiremos se lleva a cabo, desde las áreas de Psicopedagogía y Terapia Ocupacional, en el dispositivo de Centro de día que ofrece la institución, para la atención principalmente de personas con problemáticas vinculadas al consumo de drogas. Resaltamos principalmente, porque adentrarnos en la actualidad en la clínica con estos sujetos entraña, casi de modo irremediable, el tejido y la trama con los llamados campos de la vulnerabilidad psicosocial, los padecimientos psiquiátricos, la delincuencia, entre otros.



Nos atraviesa un sistema social, económico y político productor de consumidores de todo tipo a nivel mundial. Maquinaria capitalístistica[1] atroz, que en sus diversas facetas y mediante sus diferentes aparatos y operatorias, atrapa y captura en el consumo de drogas específicamente, seres cada vez más pequeños, más indefensos, más frágiles, más vulnerables… Enajenar nuestro hacer de éstas cuestiones, no sólo parcializa y reduce ampliamente la comprensión de las realidades que enfrentamos, sino que además neutraliza nuestras prácticas, sustrayéndoles su potencial subversivo y  transformador, frente a tan acuciante sistema de dominación.
       Frente a esta realidad: nuestro posicionamiento, ético y político.

Es la vida la que determina la conciencia

El trabajador de la salud se enfrenta a diario con la complejidad. Con la complejidad del sujeto, con la complejidad de las relaciones vinculares, con la complejidad de la clínica, con la complejidad de las instituciones.
Concientizarnos de las complejidades que abordamos supone en el ámbito de la clínica, por un lado, asumir una visión superadora de lógicas binarias que nos proponen pensar la realidad en términos polares, tan ficticios como estancos; y por el otro, arribar a producciones de conocimientos donde “la teoría no esté divorciada de la práctica, los afectos de los pensamientos, ni el sujeto del ecosistema”[2].



Una  filosofía de lo múltiple nos propone considerar que  el ser humano en su condición de sujeto emerge, se forja y se da en varios campos, en varios cuerpos y con varios cuerpos.
Todo proceso de subjetivación acontece en lo colectivo, en todos los grupos por donde circula y que la circundan, conocidos y desconocidos, sin quedar apresada ni reducida en los cuerpos de socialización primarios ni secundarios. Se trama en una economía, en una política, en una cultura, en una sociedad y en un momento histórico particular.
El sistema de producción en el que hemos sido tramados, ha tenido a diferencia de otros anteriores, de penetrar de modo muy fino y sutil en lo más intimo de la vida.
El Capital es una máquina infernal de producir modos de ser, modos de estar, modos de vivir. Producción que entraña en la actualidad toda una serie de operatorias de modelización y modulación de los sujetos[3].
La producción de drogadictos y pibes chorros  se incrementa a escala descomunal. El mismo sistema que los produce, los interioriza y captura por doquier, atentando los procesos de singularización y sumiéndolos en la reproducción de sus lógicas de tener, tener y tener: guita y Poder.
Integran las minorías urbanas. Pero a diferencia de otras, éstas contribuyen de modo particular a la realización del Capital. Están ubicadas en una posición diferente. Estos niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos son perversamente integrados en un mercado que no los tiene sólo como consumidores, sino que los encuentra, frecuentemente participando como agentes activos en diferentes fases del circuito  mercantil.


Se sienten y se dicen consumidores y trabajadores libres, ficción capitalista que nos enceguece a todos. Se adentran en una modalidad de ganancia a la que llaman “guita fácil”: roban a mano armada, roban caretas, roban solos, roban en banda, hurtan, se prostituyen; cada uno encuentra su modo de obtener dinero.
No resulta ninguna novedad decir aquí, que todo proceso de enfermedad emerge del campo social. Como producto de una sociedad. Los modos de nomenclar y categorizar un padecimiento, un sufrimiento también son producciones.
Pese a nuestras diferencias  ideológicas, conceptuales y teóricas, quienes trabajamos en el campo de la salud compartimos -o al menos, entendiendo que deberíamos compartir- un deseo: promover  bienestar; aliviar sufrimientos, aplacarlos,  minimizarlos lo más posible.
Contribuir con nuestros saberes a la construcción de modos de ser y estar que permitan una conexión más real con  la alegría, la potencia, la vida
Aquellos jóvenes y adultos con quienes trabajamos, han encontrado en el consumo de sustancias su Poder. Afirman sentirse más Poderosos cuando se drogan y experimentar una gran debilidad, pesadumbre, inactividad, estando caretas.
 Qué pueden estos cuerpos en virtud de su potencia, nos preguntamos junto a Spinoza- y junto a él nos respondemos: no lo sabemos. Nadie sabe lo que puede un cuerpo. Lo que advertimos es que claramente no hablamos del mismo poder. El Poder, sin importar lo que lo adjetive, es siempre un afecto triste, tanto en quien padece ese ejercicio como en quien lo ejerce; en tanto entraña una relación de fuerzas en la cual se impone el dominio de una/s sobre otra/s.
Cierto es que los sujetos con quienes trabajamos encuentran en su vida, en su historia, en sus vínculos y en sus espacios cotidianos, un sinfín de afectos tristes que merman y aplacan su potencia de hacer, de crear, de construir. El consumo- desmedido, irreflexivo-  de sustancias se inscribe como un afecto triste más, de gran intensidad por cierto, entre tantos otros que los afectan en su capacidad de sentir, de pensar, de comunicarse, de asumir responsabilidades,  de tener un proyecto de vida autónomo.
Los vemos a diario atrapados en los  puntos, segmentos y  líneas duras que los han subjetivado: el tipo de consumo. La calle. La guita. La banda. La noche. La villa. Las pastas. El caño. Las llantas. y, y, y. Contigüidad de territorios que los definen, les otorgan Identidad. Bloques duros. Segmentos rígidos que los atraviesan y componen. Líneas molares que los traman  y  organizan sus vidas en una posición…
Mucho se debate en literatura de la clínica en adicciones respecto de cómo debemos pensar esta problemática. Es una estructura? Un síntoma?  No nos interesan aquí esos cuestionamientos.
Procuramos con nuestro trabajo ofertar dispositivos y herramientas a través de los cuales, sea posible para éstos sujetos hallar y trazar nuevas líneas de subjetivación. Líneas que habiliten procesos de singularización y les permita reencontrarse con la propia potencia de obrar; recuperarla, desplegarla.  Potencia que es siempre potencia en acto, en acción.
En nuestra clínica, como en la vida, resistimos. Entendemos que para promover algo del orden de lo saludable, es necesario transformar, habilitar la capacidad de afectar y ser afectados y producir encuentros a través de la circulación colectiva de nuevas ideas, pensamientos, sensaciones, vivencias.
Es una micropolítica. Se hace desde lo pequeño, molecularmente, en aquello por ocasiones imperceptible: los obrares y saberes menores. Se teje desde lo singular, pero siempre en conjunto, en un hacer que de ningún modo monopoliza el saber y el hacer en los  trabajadores del área, sino que se hace siempre con otros.



El taller de artes expresivas, haciendo un poco de historia.

El Taller de Artes Expresivas resultó como parte de un proceso de trabajo grupal de tres meses de duración aproximadamente, que se inició en mayo del año 2010. Lleva en la actualidad, el nombre con el que sus primeros integrantes decidieron nominar a un dispositivo, que emprendimos desde la coordinación, una Psicopedagoga y una Terapista Ocupacional en el centro de día.
A principios de ese año ambas fuimos convocadas por la institución, para compartir la coordinación de un grupo de alrededor de 15 personas, de entre 20 y 30 años, en su gran mayoría de sexo masculino.
Efectuado un diagnóstico situacional de la realidad grupal e institucional, desarrollamos inicialmente, una serie de actividades destinadas a trabajar sobre los ejes de la comunicación y la resolución de conflictos, entendiendo en virtud de lo observado y evaluado, que eran cuestiones que requerían ser abordadas con mayor urgencia.
Nuestras líneas de trabajo apuntaron desde el inicio a:
  • Construir colectivamente un espacio pluralista, socializante, abierto a lo diverso, a la comunicación y la participación de todos, favoreciendo- a través del trabajo en común- actitudes de cooperación y solidaridad, en un marco de libertad y respeto mutuo.
  • Promover en la grupalidad la implicancia y la participación activa en el hacer, efectuando corrimientos claros y conscientes de una posición de coordinación paternalista y verticalista; concientizando de modo permanentemente en la construcción colectiva del espacio de  trabajo;  incentivando hacia a la autogestión, la asunción de compromisos y responsabilidades que supone un hacer autónomo; propiciando la investidura libidinal y  la apropiación deseante del mismo.
  • Crear un ambiente de trabajo ameno y flexible, libre de juicios de valor y penalizaciones,  que permita la reflexión, la producción y el intercambio de ideas.

Con el transcurso de los meses de trabajo, el grupo fue tomando cada vez más cuerpo. Aquellos primeros participantes fueron apropiándose paulatinamente del espacio, asumiendo roles cada vez más autónomos, comprometidos e implicados en el suceder grupal.  Decidieron bajo votación llamarlo Taller de artes expresivas, poniendo de manifiesto que el espacio les permitía a través de diferentes propuestas (muchas de ellas vinculadas a lo artístico) aprender nuevos modos de expresar, comunicar, de entrar en relación con  otros…
Al día de hoy, en el taller se utilizan diversos recursos y actividades de carácter lúdico y expresivo como estrategias destinadas a promover -entre otras cosas- el pensamiento, la reflexión, la inventiva, la creatividad,  la imaginación…
Las propuestas de trabajo seleccionadas surgen de un proceso  permanente de observación y registro de lo que va aconteciendo en la grupalidad y en quienes la componen.
Las actividades no se presentan como meros instrumentos o  medios de expresión, canalización,  catarsis o sublimación de contenidos;  sino que se ofertan como verdaderos espacios  de experimentación, de investigación, de registro, de descubrimiento…
Cuidamos celosamente no caer en la estereotipia. Llevamos en cada encuentro propuestas diversas que faciliten la apertura a diversas experiencias y eviten  rigidizaciones.
No trabajamos sobre signos ni síntomas. Operamos e intervenimos a otros niveles: sobre aquello que corta, obtura y/o limita el fluir de las propias producciones .
Quienes coordinamos ponemos nuestros cuerpos en el hacer. Nos adentramos corporalmente en lo que proponemos al grupo. Usamos nuestros cuerpos como instrumentos de registro de los afectos circulantes.
Hemos creado un espacio de libertad, en el que cada uno puede expresarse desde el respeto y el compromiso por lo que nos convoca.
En la realidad del Centro de Día, nos enfrentamos con un cuerpo grupal que se renueva permanentemente. Algunos pacientes abandonan repentinamente el tratamiento, otros nuevos llegan; la grupalidad los acoge, presentándoles a quienes ingresan lo que hacemos, de qué manera trabajamos.
Durante el proceso de trabajo hemos observado  cambios  de vital importancia para el proceso de tratamiento que atraviesan. Muchos han logrado crecer significativamente en el registro de sí mismos, de sus modos de relacionarse, de sus sentires, de sus afectaciones. Se han colocado en el lugar de creadores, artesanos,  artistas…
Reconocemos en la experiencia grupal, una potencia transformadora y la elegimos por sus efectos productores de afectos, de conexiones. Complejo entramado en múltiples inscripciones en el cual se están produciendo siempre, muchos más acontecimientos de los que podemos dar cuenta.
En el taller nos nutrimos de los aspectos molares, organizadores de lo grupal: un espacio tiempo particular, una tarea convocante, objetivos de trabajo; y al mismo tiempo en cada encuentro nos abrimos a la flexibilidad, a la metamorfosis, a las líneas moleculares, que van trazando acontecimientos que no están previstos, no se puede anticipar; a ese devenir que siendo la más de las veces imperceptible, ya está aconteciendo en esa vida.
Inventamos un espacio en el cual a través de un juego, un debate, una pintura, una dramatización, un escrito, poder estar siendo otros. Un espacio tiempo para conectarse con sí mismo y con los otros; para crear nuevas conexiones, rescatando la singularidad de cada uno y propiciando - de modo permanentemente - la circulación de ideas, pensamientos, de afectos y afectaciones necesarios para el establecimiento de nuevas formas de relación y el afianzamiento de las ya existentes.

Este trabajo fue escrito desde un posicionamiento particular. En la clínica que hemos elegimos transitar, hacemos una apuesta constante y permanente por rescatar  y reivindicar procesos de singularización habilitando nuevos regímenes de afectación.

Se trata de una cartografía… tan sólo de una cartografía, con las líneas que hemos podido escribir, trazar, diagramar hasta el momento.

Se trata de un espacio de resistencia.  Apostamos a lo grupal por su potencial maquínico de transformación para inventar y trazar otras líneas. Diagramarlas, inventarlas,  crearlas,  experimentarlas; en lo micro, en lo cotidiano, con el compromiso ético que nos convoca a pensar y a construir otros territorios, otros planos, otras formas de estar siendo en nuestros grupos.







[1] Ver Felix Guattari
[2] NAJMANOVICH, Denise, LENNIE, Vera ““Pasos hacia un pensamiento complejo en salud” [pdf]

[3] Hago referencia a las operaciones de modelación y modulación de los individuos, propias de las llamadas sociedad disciplinariasociedad de control,  respectivamente. (Ver M. Foucault, G. Deleuze,)

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