Notas para pensar y cartografiar nuestro hacer
Necco, M. Carolina
Formar
conceptos es una manera de vivir
y no de matar
la vida; un modo de vivir en una relativa movilidad
y no un
intento de inmovilizar la vida…
Michael
Foucault
Escribimos estas líneas porque amamos
escribir. Escribimos. Insisto. Porque aunque sea de modo individual, uno
escribe siempre con todos sus
cuerpos, los reconocibles y los no reconocibles.
Escribimos porque
creemos que en el acto de la escritura se despliega el pensamiento, se crean
nuevos interrogantes, se habilitan otras reflexiones.
Escribimos porque
que tenemos algo para decir, para comunicar,
compartir, denunciar, gritar,
pensar, preguntarnos, contestarnos….
Escribimos
para producir encuentros.
La Terapia Ocupacional se presenta -en ocasiones
- como territorio existencial desdibujado, impreciso, lo cual eso nos inquieta,
intranquiliza y hace que entremos en estado de caos. Por eso también
escribimos, porque creemos que a partir de la escritura es posible un trazar nuevos
ordenamientos; aunque más no sea transitorios, provisorios, siempre móviles.
Buscamos
ansiosamente ser reconocidos. Alcanzar “un cuerpo de conocimiento sólidos y específicos,
un campo de actuación profesional con fronteras claras, […] una doctrina y un
método de aplicación, disponer de organizaciones profesionales, un lenguaje
común, una bibliografía en textos y publicaciones periódicas, una docencia
superior para su capacitación competente y, especialmente un método para el
propio conocimiento científico de la terapia ocupacional. (Polonio López B ,
2001)
Buscamos en fin, hacernos Mayores. El Poder
nos atraviesa. Buscamos territorializar.
Qué es la terapia ocupacional? Ciencia? Disciplina? Cuál su objeto de estudio? Me he cansado
ya de esas preguntas. No pretendo con estos planteos arengar en contra de la producción
de conocimientos, entiéndase bien. Insisto, muy por el contrario, en que necesitamos
reflexionar y pensar acerca de nuestro quehacer, trasmitir y compartir nuestras
experiencias, crear conceptos y conceptualizaciones. Estoy diciendo
sencillamente, que es necesario concientizarnos acerca de en dónde elegimos
inscribir esas producciones.
Hacemos nuestro
trabajo con nuestros cuerpos, con y sobre otros cuerpos.
Desde su
nacimiento a la actualidad, las disciplinas no han cesado de tratar a los
cuerpos como objeto y blanco de poder. En aras de mantener el orden social que
garantiza la acumulación de capital, cumplieron fielmente la función de Policía
para que la que fueron creadas.
El cuerpo
humano se fragmenta y se desarticula cada vez más. Las disciplinas se disputan
los pedazos que manipularán, transformarán, fortalecerán y perfeccionarán a fin
de tornarlos útiles y funcionales. Pedazos que en tanto cada más que pequeños caen en manos de los especialistas.
Las
disciplinas, como áreas cognitivas, no existen en abstracto sino a través de la
acción humana y como producción de la comunidad científica, en el seno de una
cultura y espacio tiempo determinado. Tal comunidad cobra caro el precio de
pertenecer-le. La ciencia[1] pone las
reglas y acepta en su terreno de juego a quienes estén dispuestos a organizarse
en torno a un discurso, recortarse a
un área de pertenencia. El conocimiento se territorializa. Se cerca. Se marca.
Se estría. Miembros inferiores para los kinesiólogos. Manos para los terapistas
ocupacionales. Sufrimiento psíquico para los psicólogos y la palabra patrimonio
de los psicoanalistas.
El Capital
invade todo, penetra todo y pretende hacer
de todo campo propiedad privada.
El monopolio y
fragmentación de las problemáticas del campo social en el nombre de las
disciplinas no es inocente. La segmentación y división del conocimiento en
esquemas de pensamiento y acción cada vez más pequeños, instala modos
simplistas de comprensión de las realidades que enfrentamos y de la complejidad
de sus problemáticas.
El capitalismo
no ha cesado de instalar divorcios.
Los
profesionales estamos bien disciplinados. Repetimos asiduamente palabras de
otros, nos encantan las citas de autoridad, apelamos a los marcos referenciales
científicamente más sólidos para afinar y afirmar nuestro hacer.
No nos
atrevemos a cartografiar. No sabemos y nos convertimos en meros tecnócratas, aplicando técnicas, protocolos
y métodos de tratamiento que enajenan
nuestras prácticas de todo proceso de reflexión, discusión y crítica.
La
terapia ocupacional desde sus inicios, se atrevió a quebrajar cercamientos muy
rígidos; se adentró en territorios de
otros entrando en conexión con múltiples campos del conocimiento,
hasta lograr -en la
actualidad- arribar e incluirse en modalidades de acción e intervención
impensables hasta hace algunos años.
Me cautiva y
me apasiona esa terapia ocupacional nómade
y rizomórfica. Ligada más bien a lo que se va construyendo desde
procesos de búsqueda y exploración que a esquemas arborescentes de pensamiento.
Terapia ocupacional que se atrevió a pensar al
sujeto y las realidades que lo traman y atraviesan,
desde cosmovisiones filosóficas holísticas, a fin de generar intervenciones que
nos permitan abordar las problemáticas sociales que nos interpelan y demandan
como trabajadores de la salud.
Pretender
hacer de la Terapia Ocupacional, La Ciencia
o Disciplina de la Ocupación, no sólo refleja esa ambición desmedida por
hacernos Mayores; pesquisando lo que nos separa, distingue y fronteriza de otros
campos de acción, cercando nuestros territorios y aplacando la paranoia de
invasión de otras profesiones; sino que fundamentalmente, efectúa un
corrimiento atroz, de lo que realmente
que convoca nuestras intervenciones.
En dónde estamos poniendo
nuestra mirada y nuestra pasión? Si realmente nos convoca una
visión holística, humanista y ocupacional del ser humano, por qué seguimos
enalteciendo en nuestros discursos a La Ocupación
por sobre el sujeto que hace y el modo en
el que se traman e inscriben sus producciones.
Estamos de acuerdo en que a través de
ocupaciones, de actividades, de experiencias el ser humano trama su subjetividad;
y que haciendo transforma y se transforma.
No consideramos por ello que debamos hacer de La Ocupación nuestro Falo, el elemento centralizador del
proceso terapéutico o de intervención, achatando todo lo que allí acontece al
reducirlo en triadas[2] y
esquemas asfixiantes.
Necesitamos
inventar creativamente nuestras líneas de pensamiento y acción; gestar
movimientos de producción colectiva alejados los juegos del poder-saber.
Necesitamos trazar esos mapas…
Trazar una cartografía
es adentrarse en lo incierto.
Trazar una
cartografía es apelar al conocimiento, al pensamiento, a los saberes colectivos
para arribar a nuevos territorios.
Se trata de
hacer mapas, construirlos, diagramarlos. Observando el territorio desde adentro,
penetrando en sus superficies, recorriéndolas, explorándolas desde diversas
perspectivas, ángulos, dimensiones.
Necesitamos
trazar nuevas cartografías clínicas. Registrando recorridos de otros pero
ensayando y experimentando en lo local, en lo micro, para hacer los nuestros,
los propios. Efectuar giros de 180° en nuestros planos de acción. Cambiar
nuestras posiciones. Recorrer diversas líneas y
hacer un stop en esos espacios
territoriales en los que cobramos existencia. Un stop que nos permita detenernos a observar qué cosas están
ocurriendo; mover los ojos en todas las direcciones y ángulos posibles:
barridos horizontales, verticales y oblicuos. Apelar a toda nuestra
corporalidad. Poner en conexión todos nuestros cuerpos para proyectar desde
allí, nuevas luces.
Para aquellos
- nunca faltan- a quienes les inquiete saber desde dónde hablo para decir lo
que digo, les diré sencillamente que lo hago desde algunos de los que me habitan. Apelo a la ironía, porque nos
acerca al humor y a la alegría. Necesitamos de la alegría para vivir, para
transformar, para resistir.
Cualesquiera
que fuesen nuestros ámbitos o campos de intervención profesional nuestras prácticas
apuntan siempre - o entiendo que deberían hacerlo- hacia la salubilidad de
aquellos con quienes trabajamos y del ecosistema en el que viven y se
desarrollan.
Si descuidamos
que éstas subjetividades resultan de un proceso de producción, de fabricación,
modelación y moldeado, forcluimos una línea primordial de análisis y comprensión de las realidades
sobre las cuales operamos.
Con quienes
trabajamos padecen lo que padecen, sufren lo que sufren siempre como resultado de lo que acontece en el tejido social. Allí
se trama. Tanto se trate una Fractura de
Pouttes Colles como de un Panic Atack.
No estoy diciendo nada nuevo. Sin embargo, lo olvidamos. Caemos una y otra vez
en procesos de naturalización de las realidades sobre las que intervenimos. Elegimos
no involucrarnos y adoptar una posición neutral frente a nuestro hacer. Los
protocolos de tratamiento, el triangulo edípico y los esquemas nosológicos nos ofrecen exquisitos bunkers para aquietar
nuestros miedos e incertidumbres en segurizantes dogmatismos teóricos.
Necesitamos
arribar a nuevas perspectivas epistemológicas, alejadas de lógicas cientificistas
y metodológicas clásicas. Construir lineamientos y cartografías conceptuales en
articulación con nuestras experiencias,
con lo que hacemos. Abrirnos al
descubrimiento de nuevas dimensiones, a la búsqueda de nuevos sentidos y nuevas configuraciones; generar espacios y
modos diferentes de producción.
Hemos elegido
hacerlo por el borde, por los
intersticios… creando y construyendo prácticas alternativas a las
impuestas por regímenes y lógicas dominantes que atentan contra la potencia de
la vida y sus pasiones alegres.
Hemos elegido
hacerlo, tramando un ejercicio profesional que procura subvertir el poder que el capitalismo con sus aparatos,
dispositivos y tecnologías ejerce sobre lo
viviente; apelando a las fuerzas de resistencia, transformación y mutación que existen como potencia en toda vida.
Ejercicio que
se teje siempre colectivamente, en esos espacios en los que nos encontramos
como comunidad. Es un desafío atrevernos a borrar fronteras, romper muros y poner en común todo lo que nos une: desde lo
más próximo a lo más lejano…
En definitiva,
y sin más, entendemos que hacer terapia
ocupacional, es trabajar con la vida:
con la potencia que en ella se
esconde y que desde ella emana y estalla.
Insistimos en
acercar la terapia ocupación a lo que hacemos,
para alejarla de abstracciones que enajenan nuestras prácticas de procesos de
concientización y acercarla a un saberhacer
más ligado a lo artesanal y no por ello menos con menos denso teórico y conceptualmente.
Procuramos un hacer nómade que entiende que
la tierra es de quien la trabaja, con sus saberes y herramientas singulares.
Hacer nómade que subvierte, denuncia y resiste
a toda forma de dominación, y se pone a trabajar para
construir colectivamente espacios de emancipación, liberación y cambio.
Agradezco
a quienes me ayudaron a pensar para
escribir estas líneas.
Fueron, entre
muchos otros:
.
ALBORNOZ,
LUCRECIA; FRAGA, CLARA; KLAVER, ALICIA;
NAVARRETE ISABEL; PAGANELLI, YANINA. Compañeras del grupo de Seminario de Pensamiento
Cualitativo de la ciudad de Mar del Plata. Coordinación Lic. Isabel Navarrete.
BRESCIA,
CATALINA; ESCALADA, PAOLA; GUERRERO, VALERIA;
Compañeras del grupo de lectura y pensamiento de la ciudad de Mar del
Plata. Autogestionado.
DE BRACI, J, “La problemática de la
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DE BRACI, J, “La explosión del sujeto.
Acontecer de las masas y desfondamiento subjetivo en Freud”, EPBCN
Ediciones, 2008
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NAJMANOVICH, D, “Mirar con nuevos ojos.
Nuevos paradigmas en la ciencia y pensamiento complejo”, Colección
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PAVLOVSKY, E “Lo grupal hoy: nuevas
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PAVLOVSKY, E. y DE BRASI, J.C. “Lo
Grupal. Devenires.Historias.” Ed. Galerna y Búsqueda de Ayllu. Buenos
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