domingo, 19 de febrero de 2012


Acerca del deseo y su movilidad
Necco, M. Carolina

Existe algo más móvil que el deseo?
Cambia la piel en una pareja. Cambia la sintonía con un amigo. Cambia un sentir. Se modifica una idea, un pensamiento. Algo pasa entre dos, tres, cuatro o más cuerpos. Algo pasa o ya no pasa.
Se cortó un flujo. Se entró en otra frecuencia. El deseo se movió… no de objeto. El deseo que pensamos no tiene que ver con sujetos ni con objetos. El deseo que pensamos no se mueve buscando objetos, cosas, sujetos sobre los cuales posarse, recaer, quedarse. Circula entre un conjunto de espacios heterogéneos.
El deseo que pensamos se mueve, fluye, se desplaza porque el movimiento es su esencia.
El deseo posee una potencia inmanente de circulación, fluye, se mueve con una  direccionalidad. Se mueve, circula sin un mapa fijo, no tiene marcados sus senderos. Se trata de una cartografía: deja líneas de sus trazados allí por donde pasó y conectará luego esas líneas con otras, múltiples; paquetes de líneas  que la cruzaran, la atravesaran; líneas de ruptura, líneas de corte, líneas de fuga, líneas que se inventan, líneas que se descubren y líneas que se escriben conscientemente.
Los viejos con los que trabajo me dicen y me enseñan que el deseo es un motor muy potente… comparto.
A veces se presenta como ante mí, como una energía intensamente poderosa, energía que atrae algunas cosas y rechaza otras. Parece manejarse por ciertos efectos de vibración y/o resonancia con ellas… Se  siente a gusto en ciertos lugares, lo cautiva alguna persona; me tironea hacia una vida, hace que quiera quedarme eternamente abrazada a una piel o me hace repugnarla sin que pueda comprender qué pasó…
El deseo se mueve, cambia de plano, de dimensión… cambio fugaz ¿? (no lo sé, el tiempo es una ilusión)… Cambio imperceptible. Realidad invisible de movimiento, al menos del modo en que estoy pudiendo mirar hoy.
 El deseo que decimos no se deja capturar ni apresar por ningún objeto: padre, madre, pareja, estudio, trabajo, lugar... Se mueve, fluye. Como un electrón dentro de un átomo, de repente, cambia de posición, cambia de dimensión, de plano, aleatoriamente, está aquí y después allá… salta. Me acerca y me aleja. Nos acerca y nos aleja. Es una cuestión cualitativa. Una suerte de atracción que nos lleva a estar en ciertos universos, a tramar composibles: a  componer con las cosas una forma musical, en la cual hay notas que entran dentro de la armonía para hacer una bella melodía y otras que no. C´est la vie…
A veces mi deseo se deja entrever, fugaz, instantáneamente ¿? (No lo sé, el tiempo es una invención) lo cierto es que me aparece, siento que puedo dar cuenta de él, me habla, me grita, se hace oír. Lo percibo. Lo registro.
“Ahí está…” “Si, si, es por ahí…”  “Ayyyyyyyy”
-          Se eriza mi piel, se acídese mi estomago, se tensan cada  uno de mis músculos…”
“No, no acá ya no….” Andate, andate!!!!
“Vamos, vamos un poco más”
Busco crecer en esos registros. Hacerlos cada vez más perceptibles, ponerlo en un stop en mi cuerpo cuando es necesario, abrazarlos, apretarlos…
No se trata ya de tomar aquello que me impulsa sin que medie pensamiento alguno. La línea del deseo -de mis deseos al menos- puede ser tan maravillosa como letal… A veces su potencia me lastima… Su intensidad hace que me ubique en lugares, entre cosas, destructivas para mí y para otros.
 Es un aprendizaje crecer en el registro de lo que deseo… es un aprendizaje elegir qué hago con esa potencia.
Si el deseo que pensamos es un puro proceso de producción. Me pregunto: se detiene el proceso? Se bloquea? Se corta? Se anestesia? Cuándo? Ante qué?
El deseo que pensamos no existe por fuera del campo social, sino que es inmanente al mismo, participa inseparablemente de ese plano y superficie en el todo se produce y se fabrica.
En este sentido, su potencial de producción queda sujetado, apresado, capturado en las lógicas de producción de ese campo.
La maquinaria capitalistica[2] es una máquina infernal de producir deseos. Inventa, fabrica, instala y produce subjetividades deseantes. Sujetos que desean desde la falta.

El deseo capitalista es el deseo de la falta. El deseo de la ausencia. El deseo de la necesidad. Esta maquinaria necesita producir ese deseo y esas subjetividades deseantes.
El deseo que pensamos y deseamos no tiene que ver con la falta. Al deseo no le falta nada, porque se halla completamente colmado. Es una cuestión de potencia. Es una cuestión de gradientes.
El deseo que decimos se desliza en un campo; viaja, cambia de posición, circula, busca y  se mueve pero no porque le falte algo sino porque posee una energía esencial de movimiento, cinemática y dinámica. Se acelera, se desacelera, se mueve, reposa por acción de la primera; afecta a otros cuerpos y es afectado por ellos por efecto de la segunda.
El deseo que decimos no es sinónimo de necesidad. En la necesidad está el registro de la carencia, de lo que falta… el deseo tiene que ver con otra cosa, porque decimos nuevamente: al deseo no le falta nada, se halla completamente colmado en su potencia.
Registrar  deseos
Conectar deseos
Potenciar  deseos
Construirlos…
Alejarlos de sacerdotes y psicoanalistas, sobre todo cuando éstos me habitan; distanciarlos, llevarlos lejos de cosmovisiones falocéntricas y homocéntricas, cosmovisiones que  reducen sus movimientos a la repetición neurótica y lo agobian y destrozan en la triangularidad edipica: papá- mamá y yo.
Es un desafío… un modo de vida…
Deseo nómade, que se aventura a lo incierto, lo fortuito, lo deleznable y fue apresado por agenciamientos tremebundos “Deja a tu padre, a tu madre y sígueme”. Me condujo a investir Dioses y Santos, libros y paisajes, hombres y mujeres, pobres y hermanos, músicas y silencios.  Hoy transcurre por otros senderos…
La potencia incalculable del deseo, la potencia desconocida del cuerpo, es fuerza vital en los intentos cada vez más conscientes y elegidos de dessujetarme de algunas ataduras. Resistir a las capturas y migrar.

A veces es un atreverse, se traza de pasar un limite, dar un salto, dejarme llevar e impulsar hacia un allá en el deseo en ocasiones preciso, delineado, claro…en ocasiones difuso, borroso, incierto… En definitiva, se trata siempre de moverse, de fluir, de devenir.





[2] Ver Felix Guattari. “Micropolitica. Cartografías del deseo”

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